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Oda al Balón

Pasto crecido que raspa mis tobillos. Cuero bailando pidiendo auxilio mientras rueda. Cemento que divide mi casa con la del vecino. Aroma a guiso que sale desde mi ventana. Gritos de piedad sobre las rosas y lavandas pisoteadas. Remera manchada de barro y mi vieja pidiendo por favor. Un ojo morado que se cura mañana con un abrazo. Piruetas descontroladas y piernas trenzadas para solo impresionar a mi viejo. Misiones sin recreos, solo andanzas sin misterios. Amores sin rencores, que de un día para el otro cambiaran de rumbo. Mi infancia no quedará manchada, con el presente que destila pibes sin futuro. ¿Qué barrio no se ha hecho barrio con pies descalzos? Recuerdos que quedaran en mi memoria y paulatinamente se irán yendo, por eso mismo es una obligatoriedad de vez en cuando en mi mente tenerlos.  


Días del otro lado del paredón

si te vas no tendría como fingir 

bola de fuego para mi corazón

ni siquiera podría dejarte ir 


salto de alegría sobre las hierbas

estas en nuestro cielo un momento 

cuando bajas, bajas hechicera 

maldita despegando del suelo


juntos los dos y sangre en las venas

nervios recorriendo por su juego

cabeza en alto y gargantas llenas

soberana figura en el viento


patear latas suponiendo mi don

y besarte para hacerme feliz

reinado de esferas de Plutón

fundimos abrazo sobre el tapiz


el deseo de ahogar todas mis penas

tristeza vibrante que te hago mía 

convertida en sol la primavera

tan perfecta desnuda y divina.


Sendero Azul.

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