Ir al contenido principal

LA CABAÑA - CAPITULO 1


CAPITULO 1

La Bienvenida


Sabía que algo raro estaba ocurriendo, algo en mi interior me señalaba que lo que estaba pasando a mi alrededor no era común. Mi intuición generalmente, en estos casos, no me abandonaba.

Ya pasaron casi dos semanas de aquel primer día en el que llegué y me aventuré a conocer más sobre lo que ocurría en aquella extraña cabaña.

Todo empezó hace aproximadamente cinco meses atrás, cuando acepté una oferta de trabajo en Cifuentes, un pequeño pueblo a 50 kilómetros de Madrid. Fue una decisión muy difícil, porque significaba dejar atrás muchas cosas. Si bien el viaje era solo de tres meses, dejaba atrás a mi familia, a mi novia, a mis mascotas y muchos amigos. Y nada me aseguraba de que iban a ser solo tres meses. En fin, los preparativos del viaje los había terminado, el primer paso ya lo había dado.

Mi nombre es Pedro Vergara y llegue el 10 de diciembre de 2019 a Madrid. Ese día me encontré en el aeropuerto de Barajas con otra uruguaya que viajaba por la misma razón que yo. Charlamos un buen rato, teníamos varias cosas en común con Valeria, pero las dos más significantes eran que era uruguaya como yo y que nos teníamos que quedar toda la tarde esperando en el aeropuerto a que el encargado del hostal donde íbamos a trabajar nos recoja y nos lleve a nuestro destino final en Cifuentes.

La tarde se me hizo corta, ya que nos la pasamos hablando de nuestros gustos, pasatiempos, objetivos del viaje, entre otras cosas. Compartimos gustos por el arte, por los instrumentos y obviamente por la música. Pasamos un rato largo hablando de las pinturas de Joaquín García Torres y de Pedro Fígari, a quien de chico yo admiro mucho. La primera impresión que tuve al hablar con Valeria fue muy buena. A simple vista parecía una persona amable, extrovertida, inofensiva y sensible. Tenía una voz gruesa pero bien afinada y pareja, cuan estudiante perfecta de canto, que cuando la alzaba parecía notar seducción. Tenía el pelo cortado prolijamente sobre los hombros, un peinado que me hacía acordar al personaje de historietas argentinas Mafalda. Del mismo bajaba y se apoyaba sobre su cuello un collar hermoso, que lucía un dije con un pincel. Solo una fanática del arte podría lucir tan significante collar. Tenía una tez morena bien cuidada, a la cual seguramente se le había dedicado horas de terapias faciales y mucho dinero invertido en productos parisinos.

Yo tengo la maldita costumbre de encariñarme con las personas por sus primeras impresiones. Pero como dice el refrán… no todo es lo que parece, y a simple vista lo que parecía no tendría por qué hacerme pensar otra cosa.

Se hacían las 10 de la noche y ambos pensábamos que se avecinaba el primer problema en tierras españolas. Nadie venía a recogernos y yo, como de costumbre ante algún imprevisto, empezaba a desesperarme. Pasaban los minutos y cada vez me impacientaba más, en mi cabeza pensaba que debía tranquilizarme, pero tenía zumbidos de la realidad que me sacudían avisándome que me encontraba con una chica que recién conocía, en un lugar que visitaba por primera vez y con número de teléfono que cada vez que llamaba daba apagado.

Cerca de las 11 de la noche veo llegar por la puerta del aeropuerto a la misma persona que me había hecho la entrevista de trabajo. Francis tenía un perfil bastante peculiar. El perfil de un tipo que se la pasa comiendo chatarra sentado en su sillón viendo películas porno o jugando videojuegos pero claro, eran solo prejuicios, algo común y corriente entre los sudamericanos. De porte robusto, cintura ancha y cabeza que hacía parecerse diminuta en comparación con su torso. Con voz tierna y dulce, muy tranquila, Francis larga sus primeras palabras hacia mí.

Pase esos minutos remando cada oración y cada palabra para hacerme parecer una persona trabajadora, responsable y amigable. Y claro, estaba enfrente de quien me contrataba para trabajar. Francis me dice que el auto ya nos estaba esperando, a lo que yo le respondo que debíamos esperar a Valeria, que seguramente se había ido al baño. Me miró asombrado y medio confundido, a lo que le pregunto que le pasaba. Me respondió que no conocía a ninguna Valeria y que solo me venía a buscar a mí.

Esperamos cerca de 10 minutos y Francis tomo la iniciativa de irnos. Saliendo del aeropuerto nos cruzamos con Valeria. Definitivamente Francis no la conocía a lo que Valeria respondió que había sido contratada por un tercero para trabajar en el hostal. Todo bastante raro. Dijo que nos vayamos y que ella se iba a ir con otra persona. Me despedí de Valeria y me subí a la camioneta de Francis, el encargado del hostal.

Allí llegue alrededor de la medianoche, baje mis maletas y de lo cansado que estaba ni me atine a observar el entorno. Al entrar a la casa en la cual iba a vivir me di cuenta que iba a vivir con otras personas, debido a la cantidad de habitaciones y camas. Era una casa de ambientes grandes y techos altos, típico de las casas antiguas de la época colonial española. Con colores opacos, paredes adornadas con madera y animales muertos, como venados, y pisos de alfombra verdosa. Una pisada con barro en esa alfombra me hacía presumir que la mancha iba a quedar para siempre. En la sala de estar adornaba en el cielo raso una araña de lámpara fluorescente amarilla, y al lado de los sillones, colgaba un candelabro bien tétrico, típico de las películas de Alfred Hitchcock. Desde la sala de estar se podía dirigir a los otros espacios de la casa. Varios pasillos laberintaban la estructura de toda la morada. Uno de esos pasillos me dirigía a mi habitación, la cual yo elegí entre otras tres, privilegio que tomé al ser el primero en llegar a la casa. Al abrir la puerta me encontré con una cama bien grande en el medio de la habitación. Era la única que tenía una sola cama, las demás habitaciones tenían dos camas cada una.

De madera laca y roble oscuro macizo como el mármol, acogida con un colchón blando gastado y alto, cubierta por un cubrecama marrón con varias machas de humedad. Así era mi cama, y la de todos, eran todas iguales. Al sentarme pude apreciar el polvo acumulado desde que otros visitantes se acogieron en la casa. No sé cuánto tiempo haya pasado. Como estas casas había cinco, todas dirigidas a albergar a quienes viajaban para trabajar en el hostal por la temporada alta.

Me saque mis botas y mi pantalón, apoye mi valija sobre la cama y saque mis pantuflas y ropa más cómoda. Investigando los rincones de la casa quise saber más de la cocina. Abriendo puertas y cajones de la mesada me encontré con un juego de vajillas completo y utensilios nuevos de cocina. Las sensaciones de panza vacía hicieron que me vea casi obligado a cocinar pero había un inconveniente, recién llegaba y la heladera había estado vacía desde que se fue la última camada de jóvenes trabajadores.

Tenía mucha hambre, y eso pudo más que el miedo que me acobardaba salir de la casa por algo de comida. La tienda cerraba a la 2 am. Tenía tiempo, pero no podía abusar de él. Volví a ponerme el pantalón y mis botas, cogí la campera y los guantes que había dejado en la entrada y me sumergí en lo que iba a ser la primera aventura del viaje en busca de comida. Mi celular me indicaba que la tienda se encontraba a unos 600 metros. Tenía puesto un pasamontaña que me protegia del frio que pegaba fuerte en mi cara, pero que apenas me dejaba ver mi alrededor. Solo podía ver mi celular y el sendero que me dirigía al mercado. Arboles desnudos con ramas tan secas que al solo tocarlas me podía dejar un raspón. Varias eran las opciones de senderos que se me ofrecían al adentrarme cada vez más en el bosque. Por suerte mi celular y su GPS me ayudaban a no perderme, pero esa ayuda tenía que aprovecharla, ya que mi celular escaseaba de batería y a veces se apagaba sin ningún motivo.

El frio de esa noche no me dejaba respirar con normalidad, el GPS me marcaba que faltaban al redor de 400 metros cuando de repente, visualizo unas luces que venían de una especie de cabaña. Era obvio que esas luces no provenían de la tienda, ya que me faltaba un poco para llegar hasta allí, pero mi curiosidad pudo más y quise investigar qué era lo que había en esa casa, ya que su aspecto abandonado, con una arquitectura rara, me hacía sospechar que podía encontrarme con algo interesante.

Comentarios

Entradas populares de este blog

LA CABAÑA - CAPITULO 2

    CAPITULO 2 Nada por aquí, nada por allá… De estilo entramado de madera británica, se hacía entrever una chimenea de piedras rusticas, con ventanas pequeñas y sucias, con marcas de manos visualizadas por la suciedad. Tenía un patio apagado, un jardín sumamente abandonado, de esos que en algún momento tuvo su momento de bonanza, brindando frutos de cualquier tipo de sus árboles frutales, altos y prolijos. Ahora se podían ver arbustos con ramas secas y caídas, producto del otoño, como una especie de bienvenida al invierno. Yuyos altos que parecían sin cortar hace meses, tapaban una de las ventanas del sótano que, minuciosamente se dejaban ver destellos de luces provenientes de ese lugar de la casa. Al costado de la puerta descansaba un automóvil rojo antiguo que de la mugre que lo cubría no se podía visualizar la placa con claridad. Con el afán de que no me descubrieran caminaba sigilosamente por el costado de las paredes que, si bien no estaba haciendo nada extraño n...

Vestigios de un amor

 Besarte era morirme todos los días pero amarte mi manera de resucitar. Advertía al futuro pidiendo perdón por aquel pasado que nos destruyó. Aprendía de algunos de tus miedos y en cada dolor aparecías conmigo. Sabias ser feliz sola en tu infierno, No me sentía en la tierra contigo. Encerrado me encontraba tan solo, ayer me costaba saber quien era. Luego me abría y me volvía loco y hoy ya puedo ser quien quiera. Quisiera volver borrando fracasos venido el pasado a dar pasos falsos. Seguir tropezando, vivir del futuro. felicidad inventada de un amor puro Secar la lagrima que me castigaba, y un laberinto para nunca encontrar. Es tu palabra que al final lastimaba, tenia escrito lo que era enamorar. Amar tu risa y caminar de la mano, enredarme en tu brisa y volar alto. Por cada dolor llovían recuerdos pero por dentro quería lamentos. Aguardaba llorar solo en enero dejando correr nuestro tiempo. Llegar al veinticuatro de febrero restando lo que se llevo el viento. Todo eso que me llenab...

Plazoletas

La traición de pasear por veredas rotas, trampa de ratones mojando mi ropa. Perderme sobre diagonales de frente, encontrarme por calles y sus carteles.      Ver crecer desde abajo hasta el fin del cielo  el esplendor de cada edificio en vuelo. Sentados en moreno, historias masoneras, recuerdos con aromas a siete primaveras. Toda nuestra historia en bicicleta y bordear la malignidad de las plazoletas. Plazoletas convertidas en balcones. Plazoletas limpian escombros en mi sien. Plazoletas que refugian mil amores. Plazoletas para quienes no andan bien. Colchón en el piso y así empecé a soñar, Mi piano y sus melodías luego de estudiar  Con el alma como si fuera mi placard, con poca ropa me miraban siempre igual. Me decían que lo importante era aparentar, con jogging y gorra para solo desafiar. Ayer con diecisiete me volvía caminando,  hoy con veinticuatro ya no me animo a tanto. Tenia miedo de no hacerme amigos con los años,  seguía conociendo cada vez a m...